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Museo vitícola & Senderos del vino

Naturalmente, siendo la vid una de las plantas cultivadas más antiguas del mundo cuenta con una larga e interesante historia.
Y dado que el cultivo, el crecimiento, los injertos y, finalmente, la producción ("hacer vino") se basan en largas y a veces, realmente dolorosas experiencias, uno se siente en la necesidad y el deber de interesarse por tan apasionante evolución.

En numerosos lugares de la región se encuentran repartidos antiguos y, a veces, históricos lagares, aunque la mayoría de ellos no cumplen ya con su función originaria.
No obstante, se ha encontrado otra finalidad para estas edificaciones cargadas de historia entre las paredes de sus entramados muros.
Algunos de estos lagares, tanto grandes como pequeños, se han transformado en museos vitícolas, cuidando siempre el más mínimo detalle y con dedicación. Ahora ofrecen una idea de la historia de la viticultura regional e incluso de una población determinada. Viejas máquinas, balanzas para el mosto, jarras y copas, toneles grandes y algunos hasta gigantescos, con maravillosas tallas en sus amplias caras planas, dan fe del gran significado del vino en este entorno.

Los enormes árboles de los lagares (con los cuales se prensaban antiguamente las uvas) ejercen una presión de varias toneladas y parecen representar el trabajo físico que conlleva la producción del vino. Imágenes e historias de personas o acontecimientos nos permiten perfilar el transcurrir de la vida de antaño, y los diversos aparatos y recursos reavivan en nosotros el respeto por el esfuerzo denodado de los viticultores y sus trabajadores.
Lo que se narra en estos lugares es parte de la historia moderna, sucedió hace unas pocas décadas. La comunidad que dispone de un museo de la índole se siente orgullosa de su propia historia.

En todas partes se pueden escuchar anécdotas e historias en torno al vino y a los viticultores y, a menudo, especialmente en los lugares más recónditos, son antiguas familias de viticultores las que se encargan del museo y reciben a los visitantes, deshilando gustosamente todo tipo de narraciones; historias y anécdotas todavía vivas. Aunque para poder "palpar"r en el pleno sentido de la palabra, la viticultura sólo hace falta salir del lagar. Desde tiempos inmemoriales, estos lagares se hallaban y se hallan, en las proximidades de los viñedos. De esta forma, una vez recolectadas, las uvas podían pasar de inmediato a su posterior elaboración.
Especialmente a lo largo de los últimos años, se han instalado itinerarios didácticos en algunas comunidades en las proximidades de los lagares y se muestran los distintos tipos de vides de la región, llegando a alcanzar la cifra de 100 o incluso más variantes que aquí se pueden comparar (por ejemplo, en Fellbach). En gran parte, muchas de estos senderos didácticos disponen de explicación propia, es decir, el visitante podrá adentrarse en ellos sin necesidad de guía, aunque también se ofrecen recorridos guiados. Los detalles de estas visitas guiadas se exponen en los museos de la zona o pueden preguntarse en las administraciones del municipio en cuestión.
En cualquier caso, estos itinerarios en medio de las viñas se hallan ubicados en zonas muy atractivas y ofrecen a menudo magníficas vistas panorámicas del lugar y de estos parajes marcados por el vino.

No sería de extrañar que después de tanta teoría a uno se le abriera el apetito y se preparase para conocer algún que otro tipo de vid paladeando el vino resultante de tanto esfuerzo. Seguro que encuentra muy cerca una acogedora bodega donde
le sirvan una copa del vino de las viñas que acaba de visitar.
Además, seguro que se lo ha ganado y, tal y como se suele decir, el vino sabe como nunca cuando uno lo bebe en su entorno ideal.